Dijo Simon Leys que la literatura es “una enfermedad, una alegría… una obsesión, un estado de gracia, una pasión”, no obstante, o tal vez precisamente por ello, escribió también que si se es capaz de vivir sin escribir, no se debe escribir: “¿Se os ha ocurrido una idea magnífica con la que soñáis escribir un libro? No corráis a llevarla a la práctica; no hace falta, pues podéis estar seguros de que, tarde o temprano a algún otro se le ocurrirá la misma idea… y hará de ella un uso perfecto”. Nada realmente bello o trascendente se extravía, o su extravío es apenas temporal.
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Comenzando apenas el mes de febrero, la lista de candidatos a la alcaldía de Manizales es larguísima y todo indica que seguirá creciendo, pues la destrucción durante estos tres años parece ser un aliciente sin precedentes en la historia de la ciudad. El hecho de que un sujeto sin preparación, escrúpulos, ética, moral y pulcritud hubiera accedido fácilmente a ser alcalde, alienta las ambiciones de candidatos que piensan que, si Carlos Mario Marín pudo, cualquiera lo puede lograr. ¡Y tienen razón!
La noticia sobre la muerte del escritor caldense Jorge Eduardo Vélez Arango me llegó tarde. Me enteré por el artículo que en el suplemento literario La Artes, que publica El Diario, de Pereira, escribió el exdirector de La Republica Jorge Emilio Sierra Montoya. Inmediatamente recordé las charlas que sobre literatura sostuve con él en la sala de su casa en el barrio Palermo.