
En el barrio no contábamos con un lago o un río cerca, ni lejos; en cambio las hordas de niños teníamos a disposición descampados inmensos sembrados de una zarzamora experta en adherirse a nuestras ropas, cargada además de unas espinas que atrapaban la piel de nuestros brazos como si se tratará de diminutos anzuelos; y barriales apenas cruzados por un esbozo de carretera.

En días pasados la periodista Adriana Villegas publicó una columna en la que denunciaba los cantos misóginos usados por los soldados del Batallón Ayacucho los fines de semana en sus entrenamientos.

De minga en minga sigue el país y en especial los descendientes de los pueblos antiguos pobladores de nuestro territorio. En sus características y formas de actuar hay todo tipo de manifestaciones de las contradicciones, las tensiones y las transformaciones inevitables por las que pasan las comunidades, los grupos étnicos y las sociedades.