
La Alcaldesa electa de Bogotá le “tapó la salida” al señor presidente cuando le explicó que ella no representaba a esa multitud que salió a marchar, porque se trataba de una expresión democrática sin propuestas y donde cada participante pareció llevar su propia agenda, envuelta en quejas o necesidades. Una única voz encarnada en arengas y cacerolazos, que clamaban por la necesidad urgente de ser reconocidos.

El paro del 21 de noviembre y las jornadas posteriores le llegaron al presidente Duque y a su administración en un mal momento, no solo por la rabia acumulada en los países vecinos, sino porque se dieron las condiciones para que el pueblo colombiano despertara y se “contagiara”.

América Latina permanece convulsionada e infartada porque el pueblo está descontento, especialmente las capas medias que se encuentran frente a un sombrío panorama, sin futuro. Algunos gobiernos culpan a Cuba y a Venezuela, pero este cuento ya nadie se lo cree.