
Casi todos lo son cuando comenten sus delitos y sus crímenes. Entre otras cosas porque si no tuvieran esa decisión, emoción, motivación, susto, dolor, temor o enervación, probablemente no lo harían. Y lo hacen en el momento y las circunstancias en que se conjugan la emoción (“pasión”) con la oportunidad. Si lo pensaran fríamente, muchos tenderían a no cometer su crimen.

Conocí al Doctor Calle apenas entrando a la universidad de Caldas; llevaba él un pantalón verde de pana, una camisa a cuadros y un saco café, a sus gafas les faltaba una pata, que había sido reemplazada por un nilon.

Que la corrupción tiene su propia gobernanza, no tiene la menor duda. Es una empresa multinacional con raíces en los cambios violentos entre el derecho romano y las bases anglosajonas que desde el mercado resultan imponiendo sus reglas: lo que no está prohibido, está permitido.