
El niño, de doce años, salió esa tarde con la ilusión de ver un encuentro más de su Once Caldas, al que considera el mejor equipo del mundo. En la última navidad recibió con alborozo el regalo que más disfruta y espera: el abono para ver durante toda la temporada a su Blanco del alma.

Tiene una venta ambulante de dulces; es realmente ambulante porque él arrastra su carrito por los andenes del parque y las calles que lo rodean mientras ofrece, sin mucho ímpetu, los dulces que expone con cuidado y orden.

Cuando vemos la apatía de la sociedad manizaleña para participar en política, entendemos una de las razones por las cuales hoy nos encontramos en este estado de abandono, desencanto, angustia y destrucción.