
Narra Claudio Magris en alguno de los ensayos que componen Ítaca y más allá, una anécdota hermosa y conmovedora: cierto día viajó el escritor a Londres, no recuerdo si advierte que con ese único propósito o con alguno otro adicional, el caso es que quiso visitar a Elias Canetti, a quien ya conocía de antemano. Una vez en Inglaterra marcó al número telefónico de su amigo y contestó una mujer, algo mayor según podía deducirse por el tono de voz.

Parece que los aborígenes bautizaron la cumbre nevada con el nombre de Cumanday o Camunday (banco hermoso); también lo llamaron Tama, que significa Padre Mayor o Grande. En el siglo XVI era conocido como “Sierra Nevada de Cartago” y hacia 1593 decían que estaba completamente inactivo pero cubierto de nieve.

Antes de que el 9 de noviembre de 1989 se produjera la caída del Muro de Berlín, los ecos del descontento contra la separación de las dos Alemanias se hacían sentir en manifestaciones que propendían por lograr la reunificación de dos países que antes de la Segunda Guerra Mundial eran una sola nación.