
Siéntese en la penumbra de una habitación, corra un poco la cortina de tal forma que puedan entrar rayos oblicuos de luz, debe ser en la mañana antes de las diez, o en la tarde después de las cuatro.

Por estos días, hace doscientos cuarenta años en la provincia de Guanentá, municipio del Socorro, hoy territorio del departamento de Santander, se presentó una situación muy especial conocida como la Revolución de los Comuneros.

La primera impresión que puede tener el lector sobre el título de esta columna es que voy a hablar sobre lo que en su libro “El paladar de los caldenses” Octavio Hernández Jiménez llama nuestra buena mesa.